Cuando el ocio es el problema

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En esta sociedad consumista y de competición continua, el ocio no escapa a la serie de cosas donde sentimos que «nos la jugamos». Cuando estábamos en el cole recuerdo que el valor se medía en cuánto de rápido corrías, si dibujabas bien, tenías muchos amigos y sacabas buenas notas, a veces suspendíamos, otras no y se quedaba esa sensación de malestar o éxito. Como una sociedad de castas donde cada una sabíamos el lugar que ocupábamos y aunque intentáramos subir en la escala era muy difícil o imposible.

Llegamos a la edad adulta y vuelve a ser parecido, o exactamente igual, porque en algo tan personal y merecido como el tiempo libre nos medimos. Y comienza a suponer estrés, ansiedad y a dañar la autoestima. Las redes sociales han influido muchísimo aquí. Conectamos totalmente con nuestra parte infantil, la envidia que sentíamos entonces, el compararnos, el miedo a no ser suficientes, a quedarnos fuera…

¿Qué le diríamos si pudiéramos a nuestra yo de los 8 años cuando mira a sus compañeras que hacen mejor la lateral o cantan mejor o leen mejor… con envidia y dolor? En serio, ¿qué? Pues se trata únicamente de eso, eso es lo que necesitamos, mirarnos y decirnos con cariño que ya vale, que yo soy yo y por eso no soy como ella, y lo único importante de verdad es no pasarlo mal, porque ante todo no querríamos que esa yo de 8 años sufra. Pues la tenemos dentro, poca diferencia hay. El respeto es fundamental, y luego a ver cómo la distraemos, qué le gusta, qué le hace sonreír.

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